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martes, 29 de octubre de 2013

Dpto. Lengua Castellana y Literatura. Noche de los "finaos.

Se celebra en muchos lugares del archipiélago desde el 31 de octubre al 2 de noviembre. Con la palabra “finaos” que significa “difunto” se hace referencia a una fiesta popular canaria que se celebraba en la noche previa al Día de Difuntos (del 1 al 2 de noviembre). Aunque hoy en día se hace la víspera de “Todos los Santos” (del 31 de octubre al de noviembre) aprovechando que la jornada no es laborable. Desgraciadamente esta tradición se está perdiendo en muchos rincones de las islas debido en gran parte por el auge de la influencia anglosajona en al celebración de Halloween (una costumbre celta, que fue popularizada en EEUU por los irlandeses en la segunda mitad del siglo XIX y que comenzó a celebrarse en forma masiva en 1921, cuando se realizó el primer desfile de Halloween en Minnesota y que con el paso de los años ya se ha extendido al resto del planeta).


La tradición canaria de este día marca que los más jóvenes cogían la talega y visitaban casa por casa todo el pueblo pidiendo “los santos”:
 
-Tocaban en la puerta y preguntaban ¿hay santos? -La dueña decía que sí, depositando en la talega almendras, nueces, higos pasados o castañas. -Cuando los niños llenaban la talega, volvían a casa muy contentos. Por la tarde se reunían las familias para recordar a sus difuntos: -La mujer de mayor edad de cada familia recordaba a los muertos, (los finados, los que habían llegado a su fin) contando anécdotas y mientras se compartía una comida con los frutos de temporada.
 
Para ese día se guardaban o se compraban castañas para asar, almendras, y otras frutas. También se pasaban higos y tunos (higos picos), y a los “higos pasaos” se les introducía una almendra. Estos podían ser elementos de la celebración familiar, o bien lo que se iba a buscar y/o llevar a los finaos. Para la celebración familiar se hacían platos más elaborados como el queso de almendras e higos, el frangollo, “piñones” incluso se podía matar algún animal. La mayor parte de las diferencias en cuanto a quien participa (la familia, los jóvenes, los vecinos) donde se realiza (en las casas propias, de los abuelos, los cercaos) y que se consume, se explican por el carácter familiar de la tradición, la zona o la economía familiar.



El punto culminante era el “Baile de los difuntos” o “Baile de los finaos”, donde se degustaban castañas y piñas asadas, almendras, roscos de anís, chochos y no podía faltar una copita de anís (para los gases de las castañas) y todo eso amenizado por los ranchos de ánimas, grupo de gente tocando por las calles que después hacían un baile con guitarras y timples.
 
Amigos, familiares y vecinos se reunían en la plaza para recordar a los difuntos, una noche peculiar en la que no cabía la tristeza Esel ambiente familiar traspasaba las puertas de las viviendas y ya en las calles, proseguía la reunión mediante “los ranchos de ánimas”, que rondaban el pueblo o el barrio al son de malagueñas o de algún otro tipo de canto sosegado. Estos grupos de cantadores, recaudaban, mediante sus cantos, pequeñas cantidades de dinero que más tarde ofrecerían al párroco del pueblo para sufragar el entierro de aquellos que carecían de medios. Son conocidos los Ranchos de Ánimas de los Arbejales, Teror o Valsequillo. Con el paso del tiempo, prevalece un cierto carácter lúdico-popular, e incluso se acompaña la noche con la presencia de ventorrillos y bailes de taifa.

martes, 10 de septiembre de 2013

Dpto. Lengua Castellana y Literatura. El Maipés, un cementerio con mucha historia.

Al filo del casco de Agaete, en la misma boca del valle, una necrópolis aborigen llena de tumbas se ha convertido en parque. Pasarelas de acero corten permiten visitar la prehistoria e imaginarse Guanarteme o Guayarmina en un entorno de película.

Gregorio Arencibia, guía del parque, lo explica al principio de la ruta: Maipés es una derivación isleña del término castellano malpaís. Así una zona de escoria volcánica es un malpaís, un terreno muerto, o sea: un maipés. «Creemos que los antiguos canarios o canarii -ojo, los guanches son los de Tenerife- pensaron: ‘vamos a llevar a un sitio muerto a dejar a nuestros muertos».

Así comienza el recorrido para los Díaz y los López, dos familias de Sardina del Sur que este martes han venido a conocer la Necrópolis de Maipés, un parque arqueológico situado en Agaete que admite visitas desde hace sólo seis meses. Aunque el área utilizada como cementerio por los aborígenes fue mayor, el parque se ciñe por el momento a la llamada Zona A, donde están la mayor parte de los túmulos: 478 de un total de casi 700. En el pasado, antes de que parte de los terrenos se destinaran a cultivos, debieron haber muchos más.


El paisaje en el Maipés de Agaete es lunar, como en la Geria o las Cañadas la belleza es árida y los colores entre naranja y berenjena.

La intervención diseñada por el arquitecto Miguel Saavedra respeta el paraje y utiliza acero corten para las pasarelas. Este material no necesita mantenimiento, es reversible, y oxidado tiene un color que se confunde con el de la lava, observa la directora del parque, Consuelo Marrero.

Paneles con textos, fotos y dibujos permiten entender lo que se está viendo. En el centro de interpretación hay una gran maqueta de la necrópolis, la reproducción de una tumba y más información en formato multimedia.

Pese a que el yacimiento es conocido desde hace siglos, no se inventarió hasta los años 80 del XX y la primera excavación se realizó para el proyecto de este parque arqueológico puesto en marcha en 2009 por el Cabildo.

Este último encargo incluye la restauración de unas cincuenta tumbas. «Teníamos fotos antiguas, cogimos medidas, las restauramos con las piedras originales que se habían desmoronado para que la gente pudiera verlas. Algunas están cerradas y otras se dejaron abiertas, con reproducciones de restos humanos en la cámara sepulcral».

Cuatro tumbas fueron excavadas por Arqueocanarias. Hallaron restos humanos muy deteriorados, pero los arqueólogos pudieron sacar muestras y obtener información. La necrópolis, -utilizada al menos desde el año 700 D.C.-, está lista para recibir visitas y sobre todo para ser investigada. «Queda mucho por estudiar», dice Marrero.

PARA VISITAR EL CENTRO
Qué es:
Es un cementerio aborigen acondicionado como parque arqueológico.
Dónde está:
En el Valle de Agaete, sobre una colada de lava de hace 3.000 años.
Cómo llegar:
Entrar al casco de Agaete y seguir las señales. Ocupa unos 250.000 metros cuadrados al principio del valle.
Horario: Hasta septiembre: de 10:00 a 18:00 horas . De octubre a marzo: de 10:00 a 17:00 horas.
Entradas: 3 y 2 euros. La entrada se puede usar todo el año. Los paisajes y atardeceres también valen la pena. Para visitas guiadas (20 euros) llamar: 928 171177
Más: Hay un bono combinado con el Cenobio de Valerón: 5 euros