El gran asesinato -Subgénero policíaco-
Carmelo Valido Rodríguez
Me adentraba en aquella casa extraña, que siempre me había llamado la atención. Era martes 13 de octubre, no sabía que aquel día no iba a ser recordado como cualquier otro.
Llegué, abrí la puerta y entré, todo estaba abandonado, había tela de araña, muebles rotos y libros por el suelo, entre todo eso vi algo que me llamó la atención, entonces me acerqué para fijarme mejor. Cuando estuve más cerca descubrí que era un cadáver. Me asusté y llamé a la policía.
La policía me dijo que era un señor de 80 años que vivía allí. Empezó a investigar y dijo que había sido asesinado. Sacaron todas las pistas posibles y las llevaron al laboratorio. Sospechaban de un vecino del señor llamado Juan Presidio López, que durante los últimos meses habían tenido peleas, que en algunas ocasiones terminaban con heridas.
Tras semanas de investigación y muchas horas de trabajo habían cambiado de sospechoso, parecía que Juani se había mudado hacía 7 meses al Confital. Ahora el principal sospechoso era Sixtolo, que solo había tenido una pelea con la víctima, pero no se fijaron en que Sixtolo lo intentó asesinar en una ocasión.
Sixtolo encajaba perfectamente, entonces fue cuando fue sometido a algunas preguntas:
Policía: -¿Por qué lo mataste, Sixtolo?
Sixtolo: - Un día me llamó chorizo, me cabreó y lo maté a cuchillo.
Al final, el asesino fue Sixtolo, que lo apuñaló cinco veces en la caja del pecho provocándole la muerte.
Sofia Bordonaro 2ºB
“Estrella por un día” → novela policíaca
Aquella mañana era fría y todavía la ciudad estaba durmiendo.
Solo se escuchaban los ruidos de los motores de algunos coches de personas que iban a trabajar de madrugada y el barrendero era uno de ellos. Juan, -este era su nombre- llevaba un buen rato trabajando, cuando por fin llegó a los contenedores de basura. Algo le llamó la atención… tumbado en el suelo yacía el cuerpo de un chico. A primera vista podía aparentar tener unos 25 años de edad.
Asustado, el pobre Juan rebuscó en la basura que estaba a su alrededor para asegurarse que no había algo más. Temblando pudo coger el móvil para avisar a la policía. Con fatiga pudo pronunciar algunas palabras pidiendo socorro. Rápidamente llegó una ambulancia y enseguida aquel lugar se llenó de gente. El barrendero, el señor Juan, se sentía una estrella.
Ese era su momento. Los policías le hacían un montón de preguntas, la gente le agradecía su coraje, su sangre fría.
El cadáver llegó al hospital para la autopsia. Unos días después la noticia que ha dejado todo el mundo sin palabras que decir:
“A la cárcel el barrendero”… “Una estrella que solo ha brillado un día”…
Eso no fue un accidente (se leía en el periódico). Aquella madrugada el señor Juan cerró su mente con el chico que le había “robado” su novia, la bella Helena.
La rabia le remordía por dentro y aprovechó la oscuridad de la noche para matarle con un golpe en la cabeza.
Ya no había marcha atrás, ya toda su vida había cambiado, ya su novia no era suya, ya en el horizonte no veía un futuro… ¡ya solo la muerte le daba consuelo!
Carmen Sánchez Alemán 2ºB
El pueblo de mi abuela → novela de terror
Allí estaba yo, con toda mi familia en el coche, de camino al pueblo donde vivía mi abuela (vamos todos los años a visitarla); ya llevábamos casi dos horas en el coche, y encima, mis hermanas mayores no paraban de discutir, es que yo soy la más pequeña de las tres.
“No me lo puedo creer, me va a dar algo aquí dentro y estas dos no paran”. Mi abuela vive en un pequeño pueblecito, con muchas leyendas y muy apartado de la zona urbana.
Vive tan lejos que se nos hizo de noche en el coche. Mi padre paró porque mi hermana estaba mareada, “por fin silencio”, mi hermana, la mayor de todas, Andrea, bajó del coche, y mis padres con ella, y… entonces fue cuando ocurrió… no me quiero ni acordar, mi hermana Paula y yo nos quedamos en el coche solas durante bastante tiempo: “¿pero dónde estarán?”.
Paula fue a buscarlos y ella tampoco volvió, empecé a asustarme, llevaba más de 20 minutos sola.
De repente… un estruendo, y a los cinco segundos vi a toda mi familia correr al coche: estaban todos, mi padre deprisa lo puso en marcha, estaban pálidos, yo era una cría de 10 años, no dije nada, ellos tampoco, nunca me dijeron nada. ¿Qué habrían visto? Nunca lo sabré.
Christian Domínguez Hernández 2ºB
Poco a poco hasta ser un puntal → novela de aprendizaje
Una vez Christian se levantó con la idea de que ese día iba a ocurrir algo especial, y así fue, ese día venía un monitor de lucha canaria a explicar en el colegio, lo que era ese deporte y al observar cómo era, al muchacho le gustó y se apuntó a lucha canaria, en aquel entonces Christian tenía nueve años , le quedaba poco para hacer la comunión, y se apuntó en la lucha no solo porque vino ese hombre a explicar, sino porque su padre y su tío habían sido luchadores.
Poco a poco el muchacho siguió creciendo, ya tenía trece años y era muy bueno en ese deporte, y lo eligieron para la selección de Gran Canaria de lucha; un año después, con catorce, lo fueron convocando para la selección.
La selección había sido en Fuerteventura y en Tenerife.
En Tenerife lo vieron luchando y vieron que el muchacho valía. Lo llamaron del C.L. Victoria en Tenerife para que fichara con ellos allá, solo le pagan el viaje, alojamiento y comida, y él les dijo que no, que todavía tenía tiempo para fichar fuera de su isla.
Él estaba fichado en el C.L Roque Nublo en el Cruce de Arinaga que fichó en el 2013 porque había tenido unos problemas con su anterior equipo, así que el muchacho siguió luchando hasta cumplir los 18 años, cuando el chico ya iba destacando lo llamó el C.L. Victoria, porque era increíble que un juvenil tumbara a un senior, entonces decidió fichar en aquel equipo de Tenerife por doce mil euros al año.
Al año siguiente de fichar ahí se lo rifaban todos los equipos porque lo habían subido directamente a puntal A.
Aunque sus lesiones se lo impidieran.
Cristian Ramírez Valido 2ºB
La huella en la arena → terror
Por una vez en mi vida se aproximaba un gran cambio radical.
Un día, en la arena descubrí la huella de un pie, era de una sola pierna, me pareció muy raro y extraño y me acobardé mucho; miré a mi alrededor y no había nadie, ni se escuchaba ningún ruido extraño.
Volví a mi casa, de tan rara que me pareció la huella, de camino a casa daba tres o cuatro pasos y de tanto miedo miraba hacia atrás, ya que me pareció raro.
Cuando llegué a mi casa, rápidamente cerré las ventanas y las puertas y corriendo me refugié en mi habitación y me acosté, me quedé dormido y empecé a tener pesadillas con unos monstruos deformes y muy feos.
Al día siguiente me paré a pensar que la pisada podía ser de mi propio pie. Rápidamente salí de la casa y me fui corriendo hacia la playa para comparar la huella aquella con la de mi pie. Al llegar al sitio de la huella puse mi pie encima y descubrí que ésta era mucho más pequeña. Me dieron unos escalofríos, regresé a mi casa pensando que la isla estaba habitada.
Un día, me eché a caminar y llegué a uno de los extremos de la isla y lo que vi me espantó. La playa estaba llena de cabezas, manos, pies y más huesos humanos. Rápidamente me llegó a la cabeza que eran restos de nuestros ante pasados y corrí, muy asustado, hasta mi casa. Yo sabía más o menos que era muy evidente que fueran quienes fueran esa gente no pertenecían al lugar, sino que llegaron a mi isla para hacer sus brujerías y comidas.
Ya llevaba casi dos o tres días que no veía mis huellas por ninguna parte.
Al año siguiente, me fui y me alejé más aún de mi otra casa, con el tiempo me fui tranquilizando y volví a mi vida normal y corriente. Un día se me ocurrió hacer una trampa para coger a la gente que estaba haciendo brujerías y matando gente. Por la noche cogí la escopeta y fui a la montaña y vi a esa gente trayendo cadáveres para comérselos y desde que los vi, les solté cuatro tiros y los maté.